Lealtades Políticas y Compromisos con el pueblo.
Lealtades Políticas y Compromisos con el pueblo.
La lealtad es una virtud muy deseable siempre y cuando la razón, la justicia, y la honorabilidad son los principios que realmente rigen la vida y dictan en la conciencia de las personas sin embargo, cuando esa lealtad es desvirtuada por los compromisos e intereses partidarios vemos como facilmente aquellas personas que pudieran encaminar a un pueblo, un país y una nación por el camino de la paz, la seguridad, la tranquilidad, el trabajo, la prosperidad y el desarrollo hacen todo lo contrario simplemente porque carecen de la moralidad y principios mínimos como la verguenza y la consideración por el projimo y sucumben ante las tentaciones y ofrecimientos del poder, comodidades y beneficios personales que resultan de vender esa “lealtad” al mejor postor sin importarles que al hacerlo con la excusa de que son leales a sus partidos están realmente rompiendo compromisos sagrados con el pueblo.
Los compromisos con un pueblo no pueden ni deben estar sujetos ni ser negociados en dependencia de las conveniencias o intereses de un partido. Los compromisos adquiridos con un pueblo son sagrados y aquellas personas que llegan a tener el privilegio de tener un cargo público tienen, antes que una obligación con sus partidos, un mandato constitucional y una obligación con todos y cada uno de los ciudadanos que conforman una sociedad, un país o una nación sin importar colores ni tendencias políticas ya que cuando se gobierna se gobierna para todos y no solo para unos cuantos.
Contrario a lo que en la realidad y en la práctica sucede con los diputados nicaraguenses, un foro público por excelencia como lo es la Asamblea Nacional tiene como único verdadero fin el estudio, el analisis, la discusión, la busqueda y la emisión de leyes que cada vez faciliten y garanticen mas el trabajo, la tranquilidad, la seguridad, la salud, la educación y la igualdad de derechos y oportunidades para todos los ciudadanos que son representados. Tristemente en la Asamblea Nacional de Nicaragua las conciencias y los compromisos se flexibilizan y varían según las oscuras negociaciones entre actores politicos motivados por la codicia, la avaricia, la soberbia la sed de poder y el beneficio personal.
No es de extrañarse pues que el gobierno de Nicaragua consigue casi siempre salirse con la suya y gobierna por y para su partido y reducido número de simpatizantes, aún con la gran mayoría de la población desaprobando su gestión y condenando a diario los abusos y violaciones a los derechos constitucionales y personales de los ciudadanos. Después de todo; Al tener control sobre los otros poderes del estado el Ejecutivo practica y de hecho tiene la vía libre para hacer y deshacer a su antojo mientras que los pocos contrapesos y balances de una oposición inteligente y digna se ven mermados, degradados, debilitados y ridiculizados por la egoista división y el ciego capricho de unos cuantos convirtiendo en una pesadilla realizar el sueño de un pueblo sencillo, trabajador. Un sueño de ser verdaderamente libres y de vivir en paz y armonía forjando todos juntos un futuro cada vez mejor para los hijos de todos bajo una sola bandera: La bandera de una nación donde la verdadera justicia e igualdad de derechos para todos sin importar colores partidarios, filiaciones políticas, color de piel o condición social importan.
Cuando el pueblo de Nicaragua finalmente se quite las vendas de las banderas políticas que no le permite a la gran mayoría de la población ver mas alla de las doctrinas partidarias tanto de la izquierda como de la derecha y le confien su futuro a individuos que sí tengan muy claro que una vez en el gobierno la lealtad se debe solamente a los compromisos con el pueblo entonces sí Nicaragua no solo volverá a ser república sino que el país properará y la pobreza dejará de ser la realidad que es hoy...
La lealtad es una virtud muy deseable siempre y cuando la razón, la justicia, y la honorabilidad son los principios que realmente rigen la vida y dictan en la conciencia de las personas sin embargo, cuando esa lealtad es desvirtuada por los compromisos e intereses partidarios vemos como facilmente aquellas personas que pudieran encaminar a un pueblo, un país y una nación por el camino de la paz, la seguridad, la tranquilidad, el trabajo, la prosperidad y el desarrollo hacen todo lo contrario simplemente porque carecen de la moralidad y principios mínimos como la verguenza y la consideración por el projimo y sucumben ante las tentaciones y ofrecimientos del poder, comodidades y beneficios personales que resultan de vender esa “lealtad” al mejor postor sin importarles que al hacerlo con la excusa de que son leales a sus partidos están realmente rompiendo compromisos sagrados con el pueblo.
Los compromisos con un pueblo no pueden ni deben estar sujetos ni ser negociados en dependencia de las conveniencias o intereses de un partido. Los compromisos adquiridos con un pueblo son sagrados y aquellas personas que llegan a tener el privilegio de tener un cargo público tienen, antes que una obligación con sus partidos, un mandato constitucional y una obligación con todos y cada uno de los ciudadanos que conforman una sociedad, un país o una nación sin importar colores ni tendencias políticas ya que cuando se gobierna se gobierna para todos y no solo para unos cuantos.
Contrario a lo que en la realidad y en la práctica sucede con los diputados nicaraguenses, un foro público por excelencia como lo es la Asamblea Nacional tiene como único verdadero fin el estudio, el analisis, la discusión, la busqueda y la emisión de leyes que cada vez faciliten y garanticen mas el trabajo, la tranquilidad, la seguridad, la salud, la educación y la igualdad de derechos y oportunidades para todos los ciudadanos que son representados. Tristemente en la Asamblea Nacional de Nicaragua las conciencias y los compromisos se flexibilizan y varían según las oscuras negociaciones entre actores politicos motivados por la codicia, la avaricia, la soberbia la sed de poder y el beneficio personal.
No es de extrañarse pues que el gobierno de Nicaragua consigue casi siempre salirse con la suya y gobierna por y para su partido y reducido número de simpatizantes, aún con la gran mayoría de la población desaprobando su gestión y condenando a diario los abusos y violaciones a los derechos constitucionales y personales de los ciudadanos. Después de todo; Al tener control sobre los otros poderes del estado el Ejecutivo practica y de hecho tiene la vía libre para hacer y deshacer a su antojo mientras que los pocos contrapesos y balances de una oposición inteligente y digna se ven mermados, degradados, debilitados y ridiculizados por la egoista división y el ciego capricho de unos cuantos convirtiendo en una pesadilla realizar el sueño de un pueblo sencillo, trabajador. Un sueño de ser verdaderamente libres y de vivir en paz y armonía forjando todos juntos un futuro cada vez mejor para los hijos de todos bajo una sola bandera: La bandera de una nación donde la verdadera justicia e igualdad de derechos para todos sin importar colores partidarios, filiaciones políticas, color de piel o condición social importan.
Cuando el pueblo de Nicaragua finalmente se quite las vendas de las banderas políticas que no le permite a la gran mayoría de la población ver mas alla de las doctrinas partidarias tanto de la izquierda como de la derecha y le confien su futuro a individuos que sí tengan muy claro que una vez en el gobierno la lealtad se debe solamente a los compromisos con el pueblo entonces sí Nicaragua no solo volverá a ser república sino que el país properará y la pobreza dejará de ser la realidad que es hoy...

