Abril 2008
“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece” reza un conocido refrán que tengo que confesar que aunque puede ser que muchas veces sea muy cierto me niego a aceptar, por lo menos en su totalidad, que en el caso de Nicaragua sea nuestro destino porque sinceramente considero que el pueblo nicaraguense, Mi Pueblo y mi gente, merece mucho más. Merece un retorno al inicio cuando todavía las prioridades de los servidores públicos era el bienestar de la población, el desarrollo de la nación y la garantía de las libertades de todos.
Es una situación mas que triste e insoportable. Es enardecientemente inaceptable ver como en la Nicaragua de hoy aquellos que deberían de velar y garantizar el bienestar y prosperidad general se hacen llamar “Funcionarios Públicos” pero en la realidad lo único que hacen es servirse de los fondos públicos para beneficios personales y mantener intereses partidarios y económicos de unos pocos que se han convertido en una clase política acostumbrada a vivir una vida de comodidades y lujos del primer mundo a expensas del sacrificio, sufrimiento, sudor, dolor y sangre de un pueblo que mantienen atrapado en el tercer mundo para garantizarse el sucio juego politico que los mantiene alternamente en el poder y en las mal llamadas instituciones del estado.
He dicho que me niego a aceptar por lo menos en su totalidad la nefasta profesía del refrán porque en honor a la verdad hay que decir las cosas tal a como son y como pueblo tenemos que aceptar nuestra parte de la culpa ya que hemos sido nosotros mismos los que hemos permitido hasta el momento una y otra vez que nos exploten, que manipulen y se aprovechen de las necesidades, del hambre, del desempleo que azota a las grandes mayorías. Permitiendoles que se mantengan en el poder y en control de los diferentes poderes y entidades estatales nosotros mismos, el pueblo, les damos y ponemos en bandeja de plata nuestras vidas, nuestros sueños y el futuro de nuestros hijos.
Si realmente se quiere poner un alto al abuso sinverguenza del que por tantos años el pueblo nicaraguense ha sido victima se necesita garantizar que sea un mismo fin y una misma causa la que gobierne y dirija la nación y todas sus entidades y poderes gubernamentales.
Se necesita garantizar un poder ejecutivo cuya finalidad y misión sea la de administrar eficientemente la gestión pública para facilitar y permitir el desarrollo, seguridad, bienestar, tranquilidad, salud y educación del pueblo incentivando y procurando siempre que el respeto a los derechos de todos sean protegidos y garantizados tal a como se espera y se debe de hacer en toda sociedad moderna y libre donde sus ciudadanos gozan de todas las libertades y obligaciones própias de toda democrácia.
Es necesario garantizar un poder legislativo que obedezca únicamente al principio de que se legisla para y por el pueblo y no por intereses de los partidos. Después de todo, quien le paga sus salarios somos nosotros: El Pueblo, no los partídos politicos.
Es imperativo que sin caer en la sumisión ni en la subordinación, el poder legislativo tenga claro que el pueblo que lo eligió y que le paga sus sueldos lo que quiere es verlo trabajar de manera coordinada y armoniosa con el poder ejecutivo.
Para lograr y garantizar este fin lo único que podemos hacer desde el pueblo es asegurarnos de que la gran mayoría de diputados sean consecuentes con el poder ejecutivo dejando bien claro que siempre se debe de ser crítico e inclusive frenar caulquier propuesta que pueda atentar contra el beneficio y libertades del pueblo.
Pero no es suficiente el poder contar con la buena voluntad y compromiso de dos poderes del estado. No cuando las cosas, las malas costumbres, la corrupción, el oportunismo y la vanidad partidaria están tan arraigadas a como lo están hoy por hoy en Nicaragua. Se necesita también poder garantizar los mecanismos y herramientas para poder realizar un, reordenamiento y una limpieza en el poder judicial, el poder electoral, la policía y hasta el ejercito.
La finalidad es tener de una vez por todas una verdadera República tal a como debe de ser donde todos los nicaraguenses podamos vivir, estudiar y trabajar gozando de salud, tranquilidad, desarrollo y prosperidad.
Podrá parecer imposible o muy difícil de lograr pero recordemos que nos lo debemos a nosotros mismos y a nuestra nación. Está en nuestras manos la posibilidad de decidir el rumbo que le queremos dar al destino de nuestras vidas y el futuro que le queremos dar a nuestros hijos y nuevas generaciones.
La disminución máxima en los gastos estatales en todos los poderes empezando por los salarios y pasando por erradicar absurdos e innecesarios beneficios como libres, asignaciones de combustibles, dietas y partidas debe de ser un compromiso firme de toda aquella persona que dice querer estar en el gobierno por amor a Nicaragua.
Mientras no se haga un cambio radical y verdadero en la gestión pública, tal a como es hoy en día; cualquiera podría decir misa pero solamente mentiras e hipocresías serían sus palabras. No podemos seguir permitiendo que mientras estas personas acostumbradas a vivir de la política criolla y que dicen que se sacrifican por el pueblo desde sus oficinas, vehículos y casas lujosas con aire acondicionado sigan manipulando y aprovechandose del pueblo.
Pronto en Nicaragua se dará un ejercicio que puede servir de termómetro: Elecciones Municipales donde el pueblo le dará la oportunidad a unos para desde los gobiernos municipales contribuir con el beneficio y el desarrollo de la población. Veremos si los electos al final obedecen a este sagrado mandato o si permanecerán obedientes únicamente a sus caudillos, sus partidos y sus allegados.
Otro conocido refrán dice que “No hay tarea pequeña sin gran importancia cuando se hace bien y a conciencia “. Como pueblo nuestra pequeña gran tarea empieza con el voto. Hagamoslo bien, con una conciencia libre de todo compromiso partidario y politico. Que sea únicamente nuestro compromiso con el bienestar del pueblo nuestra voz, nuestro ideal y nuestro compromiso final.
Es una situación mas que triste e insoportable. Es enardecientemente inaceptable ver como en la Nicaragua de hoy aquellos que deberían de velar y garantizar el bienestar y prosperidad general se hacen llamar “Funcionarios Públicos” pero en la realidad lo único que hacen es servirse de los fondos públicos para beneficios personales y mantener intereses partidarios y económicos de unos pocos que se han convertido en una clase política acostumbrada a vivir una vida de comodidades y lujos del primer mundo a expensas del sacrificio, sufrimiento, sudor, dolor y sangre de un pueblo que mantienen atrapado en el tercer mundo para garantizarse el sucio juego politico que los mantiene alternamente en el poder y en las mal llamadas instituciones del estado.
He dicho que me niego a aceptar por lo menos en su totalidad la nefasta profesía del refrán porque en honor a la verdad hay que decir las cosas tal a como son y como pueblo tenemos que aceptar nuestra parte de la culpa ya que hemos sido nosotros mismos los que hemos permitido hasta el momento una y otra vez que nos exploten, que manipulen y se aprovechen de las necesidades, del hambre, del desempleo que azota a las grandes mayorías. Permitiendoles que se mantengan en el poder y en control de los diferentes poderes y entidades estatales nosotros mismos, el pueblo, les damos y ponemos en bandeja de plata nuestras vidas, nuestros sueños y el futuro de nuestros hijos.
Si realmente se quiere poner un alto al abuso sinverguenza del que por tantos años el pueblo nicaraguense ha sido victima se necesita garantizar que sea un mismo fin y una misma causa la que gobierne y dirija la nación y todas sus entidades y poderes gubernamentales.
Se necesita garantizar un poder ejecutivo cuya finalidad y misión sea la de administrar eficientemente la gestión pública para facilitar y permitir el desarrollo, seguridad, bienestar, tranquilidad, salud y educación del pueblo incentivando y procurando siempre que el respeto a los derechos de todos sean protegidos y garantizados tal a como se espera y se debe de hacer en toda sociedad moderna y libre donde sus ciudadanos gozan de todas las libertades y obligaciones própias de toda democrácia.
Es necesario garantizar un poder legislativo que obedezca únicamente al principio de que se legisla para y por el pueblo y no por intereses de los partidos. Después de todo, quien le paga sus salarios somos nosotros: El Pueblo, no los partídos politicos.
Es imperativo que sin caer en la sumisión ni en la subordinación, el poder legislativo tenga claro que el pueblo que lo eligió y que le paga sus sueldos lo que quiere es verlo trabajar de manera coordinada y armoniosa con el poder ejecutivo.
Para lograr y garantizar este fin lo único que podemos hacer desde el pueblo es asegurarnos de que la gran mayoría de diputados sean consecuentes con el poder ejecutivo dejando bien claro que siempre se debe de ser crítico e inclusive frenar caulquier propuesta que pueda atentar contra el beneficio y libertades del pueblo.
Pero no es suficiente el poder contar con la buena voluntad y compromiso de dos poderes del estado. No cuando las cosas, las malas costumbres, la corrupción, el oportunismo y la vanidad partidaria están tan arraigadas a como lo están hoy por hoy en Nicaragua. Se necesita también poder garantizar los mecanismos y herramientas para poder realizar un, reordenamiento y una limpieza en el poder judicial, el poder electoral, la policía y hasta el ejercito.
La finalidad es tener de una vez por todas una verdadera República tal a como debe de ser donde todos los nicaraguenses podamos vivir, estudiar y trabajar gozando de salud, tranquilidad, desarrollo y prosperidad.
Podrá parecer imposible o muy difícil de lograr pero recordemos que nos lo debemos a nosotros mismos y a nuestra nación. Está en nuestras manos la posibilidad de decidir el rumbo que le queremos dar al destino de nuestras vidas y el futuro que le queremos dar a nuestros hijos y nuevas generaciones.
La disminución máxima en los gastos estatales en todos los poderes empezando por los salarios y pasando por erradicar absurdos e innecesarios beneficios como libres, asignaciones de combustibles, dietas y partidas debe de ser un compromiso firme de toda aquella persona que dice querer estar en el gobierno por amor a Nicaragua.
Mientras no se haga un cambio radical y verdadero en la gestión pública, tal a como es hoy en día; cualquiera podría decir misa pero solamente mentiras e hipocresías serían sus palabras. No podemos seguir permitiendo que mientras estas personas acostumbradas a vivir de la política criolla y que dicen que se sacrifican por el pueblo desde sus oficinas, vehículos y casas lujosas con aire acondicionado sigan manipulando y aprovechandose del pueblo.
Pronto en Nicaragua se dará un ejercicio que puede servir de termómetro: Elecciones Municipales donde el pueblo le dará la oportunidad a unos para desde los gobiernos municipales contribuir con el beneficio y el desarrollo de la población. Veremos si los electos al final obedecen a este sagrado mandato o si permanecerán obedientes únicamente a sus caudillos, sus partidos y sus allegados.
Otro conocido refrán dice que “No hay tarea pequeña sin gran importancia cuando se hace bien y a conciencia “. Como pueblo nuestra pequeña gran tarea empieza con el voto. Hagamoslo bien, con una conciencia libre de todo compromiso partidario y politico. Que sea únicamente nuestro compromiso con el bienestar del pueblo nuestra voz, nuestro ideal y nuestro compromiso final.

